Jules Michelet, considerado con toda razón el más grande estudioso del siglo XIX, que escribió una laboriosa Historia de Francia en diecinueve volúmenes y una famosa Historia de la Revolución francesa...
inauguraba en estos términos su curso en el Collège de France, en el lejano 29 de diciembre de 1842:
“Debo agradecer a las personas complacientes que recogen mis lecciones, pero al mismo tiempo les ruego no dar a esto ninguna publicidad. Les hablo con confianza, a ustedes, a ustedes solamente, y no a la gente de afuera. No les confío solo mi ciencia, sino mi pensamiento íntimo sobre el tema más vital. Justamente porque es muy numeroso, muy completo (por edad, sexo, provincias, naciones…), en este auditorio siento a la humanidad, al hombre, es decir a mí mismo. Entre yo y ustedes, de hombre a hombre, todo se puede decir. Parece que uno solo habla, aquí: error, también ustedes hablan. Yo actúo y ustedes reaccionan, yo enseño y ustedes me enseñan. Sus objeciones, sus aprobaciones son para mí muy sensibles. La enseñanza no es, como se cree, un discurso académico o una exhibición; es la comunicación recíproca, doblemente fecunda entre un hombre y una asamblea que buscan juntos. La estenografía más completa, más exacta, ¿reproducirá el diálogo? No, reproducirá solo lo que yo he dicho y no lo que yo hablo también con la mirada y con el gesto. Mi presencia y mi persona son una parte considerable de mi enseñanza. La mejor estenografía parecerá ridícula porque reproducirá las lentitudes, las repeticiones utilísimas aquí, las respuestas que doy muy a menudo a las objeciones que veo en sus ojos, las ampliaciones que proporciono sobre un punto, en el que el consenso de una u otra persona me indica que querría que me detenga. Por lo tanto hay que dejar volar estas palabras aladas. ¡Que se pierdan, a buenas horas! Que se borren de su memoria. Solo si se queda el espíritu, entonces está bien. Hé aquí lo conmovedor y sagrado de la enseñanza. Que sea un sacrificio, que no quede nada de material, pero que todos salgan fuertes, bastante fuertes para olvidar este débil punto de partida. Por lo que me concierne, si temiera que mis palabras tuvieran el riesgo de ser reproducidas así – aisladas de alguien para el cual ustedes tengan alguna benevolencia – ya no me atrevería a hablar. Les enseñaría alguna tabla cronológica, alguna escueta y trivial fórmula, pero me abstendría de aportar aquí, como lo hago, a mí mismo, mi vida, mi pensamiento más íntimo”.
Al entregar a la imprenta este Curso de Formación para los Catequistas de Ypacaraí (Paraguay), que se desarrolló en febrero del 2007, he repensado en esta magistral lección de vida y de gran prestigio intelectual, agradeciendo a los editores de Michelet por no haberle hecho caso.
Las palabras de Jules Michelet nos enseñan que ningún libro, ningún curso, ningún escrito pueden sustituir el contacto vivo y presente entre el que habla y el que escucha.
Esto no niega lo fundamental de la escritura. Pero, ninguna escritura vive y es fecunda sin aquella comunicación de la experiencia hecha no para ser reproducida, sino para crear entre los presentes “en aquel lugar y en aquel tiempo” una experiencia del compartir.
Ningún libro escrito podrá sustituir la predicación viviente y la catequesis de la Iglesia.
En este sentido, podemos decir que la fe nace por contagio y que “la catequesis es el catequista”.
Por lo tanto, este “Cuaderno de Pastoral” quiere solo ser un estímulo y una modesta contribución a la reflexión de tantos catequistas, para que tomen conciencia de su gran misión y responsabilidad que tienen en la formación de los jóvenes del Paraguay.
Emilio Grasso, La formación del catequista. Fundamentos espirituales-teológicos-prácticos, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 19), San Lorenzo (Paraguay) 2008, 49 págs. |
ÍNDICE
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Introducción |
5 |
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I. Primer encuentro |
8 |
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II. Segundo encuentro |
14 |
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La palabra del hombre |
16 |
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El catequista |
17 |
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III. Tercer encuentro |
22 |
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Importancia del pensamiento crítico |
25 |
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IV. Cuarto encuentro |
27 |
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El círculo hermenéutico |
30 |
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Anexos: |
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Catequesis |
34 |
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Catecismo de la Iglesia Católica |
34 |
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Comprendio del Catecismo de la Iglesia Católica |
36 |
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Catequesis permanente |
37 |
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Cristo y el catequista |
39 |
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Función del catequista |
41 |
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Los catecismos en la Iglesia |
42 |
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La catequesis en el Documento de Aparecida |
43 |