La XVI Asamblea General de la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR), convocada en Asunción (Paraguay) para los días 22-29 de junio de 2006 con el objetivo de reflexionar sobre el tema: “Una vida religiosa místico-profética al servicio de la vida”

y el lema: “Vayan y den fruto y su fruto permanezca (Jn 15, 16)”, nos brinda la oportunidad de presentar cuatro artículos sobre la identidad y responsabilidad histórica a que nosotros los consagrados[1] estamos llamados por exigencia de nuestra vocación.

En estos días celebramos el primer aniversario de la muerte de Juan Pablo II y nos parece importante, para no perder la riqueza de la enseñanza de su largo pontificado, estudiar su magisterio dirigido a los religiosos de América Latina sobre dos puntos de relevante importancia: nuestra “identidad carismática y fecundidad apostólica” (págs. 11-21) y “la opción por los pobres” (págs. 23-37).

En estos artículos están unidos dos aspectos esenciales de nuestra vida consagrada: el carisma, don del Espíritu para edificar la Iglesia, y la misión en el mundo.

Se trata, en particular, de este mundo de América Latina donde grandes sectores del pueblo, cada vez más empobrecidos y marginados, viven en condición de oprimidos y crucificados.

El amanecer del tercer milenio presenta signos contradictorios de luces y tinieblas.

La vida consagrada, que estamos llamados a vivir en el hoy de Dios, se presenta bajo el signo de la “noche obscura”. A nosotros, los consagrados, nos pertenece anunciar la mirada hacia la luz que viene y declara el fin de los tiempos. El pueblo tiene el derecho evangélico de preguntarnos: “Centinela, ¿qué hora es de la noche?” (págs. 39-52).

Podemos dar una respuesta sólo si actuamos como contemplativos en la historia, viendo con los ojos de la fe lo que el mundo no puede ver (págs. 53-66).

Para anunciar la mañana de liberación, sin ilusiones fáciles que manipulan y traicionan al pueblo, se necesitan mujeres y hombres que sepan unir en un único abrazo de amor, al servicio de la vida, la pasión por Dios y la pasión por los hombres.

Emilio Grasso

 

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[1] Conocemos muy bien la distinción de orden canónico, pero, en este texto utilizamos los términos “religioso” y “consagrado” en un sentido casi equivalente. Recordamos que, en el actual Código de Derecho Canónico (1983), las comunidades de fieles que se comprometen públicamente a llevar una vida según los consejos evangélicos se denominan “institutos de vida consagrada”. El término, que tiene un valor omnicomprensivo, es nuevo y abarca las órdenes y congregaciones (institutos religiosos), y también los institutos seculares. Como asociaciones que persiguen un especial fin apostólico se enumeran también las “sociedades de vida apostólica” y, finalmente, las prelaturas personales, asociaciones clericales de carácter secular, constituidas para especiales fines pastorales.

 

 

Emilio Grasso, La vida consagrada: presencia místico-profética en el mundo, Centro de Estudios Redemptor hominis, San Lorenzo (Paraguay) 2006, 70 págs.

 

 

ÍNDICE

 

 

Introducción

7

Identidad carismática y fecundidad apostólica

11

La opción por los pobres: misión de presencia y trascendencia

23

La noche de la vida consagrada hoy

 

Valores teológicos y espirituales

39

Religiosos del mañana: místicos en la historia

53