Con este Cuaderno de Pastoral queremos ofrecer algunos principios fundamentales para la elaboración de un plan pastoral.
Las reflexiones recogidas en estas páginas son el fruto de las líneas indicadas por el P. Emilio Grasso al clero de la diócesis de San Lorenzo (Paraguay), bajo la invitación de S. E. Mons. Adalberto Martínez, Obispo de la misma.
Muchas veces se prefiere que el plan pastoral sea un “recetario de consejos prácticos”, de donde es más fácil sacar lo que se necesite para las exigencias inmediatas de cualquier actividad de evangelización.
En efecto, es más simple tener un esquema, un texto ya elaborado por alguien que ha pensado por nosotros, que buscar lo que sale de nuestro corazón, después de haber profundizado las enseñanzas de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio.
Por medio de estas páginas podemos comprender mejor los pasos que hay que seguir, para llegar a la elaboración de un plan pastoral, que permita vivir con profundidad la verdadera escucha de la palabra de Dios. En esta dirección, el autor hace una reflexión sobre muchos aspectos importantes, entre los cuales sobresalen: el desarrollo histórico de la teología pastoral, el sentido que adquiere la Iglesia local después del Concilio Vaticano II, la eclesiología de comunión y la insustituible función del Obispo bajo cuyo carisma tienen que unirse los diferentes elementos.
En efecto, sin una verdadera comunión entre las distintas personas que trabajan para la edificación de la diócesis, no se puede elaborar un plan pastoral. Es la comunión la que permite formar la “familia de Dios”, donde cada miembro tiene su rostro y su nombre y todos viven una auténtica hermandad entre sí. Además, no se tiene que olvidar que un verdadero plan pastoral tiene que nacer y construirse en medio del pueblo de Dios en que se vive.
Todos los cristianos, tanto los pastores como los fieles, cada uno con su responsabilidad y tarea específica, orientados por el Obispo, tienen que buscar el camino para que su Iglesia local sea “comunión de la palabra y del cuerpo de Cristo y, por tanto, comunión recíproca entre los hombres, quienes, en virtud de esa comunión que los lleva desde arriba y desde dentro a unirse, se convierten en un solo pueblo; es más, en un solo cuerpo”[1].
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[1] J. Ratzinger, La Iglesia. Una comunidad siempre en camino, San Pablo, Madrid 1992, 46.
Emilio Grasso, Pautas para la elaboración de un plan pastoral, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 13), San Lorenzo (Paraguay)2006, 44 págs. |
ÍNDICE
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Introducción |
3 |
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I. Elementos históricos y sociológicos |
5 |
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Eliminar las fórmulas preconcebidas |
5 |
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Una sociedad compleja |
9 |
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II. Elementos teológicos y pastorales |
12 |
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De una pastoral del territorio a una pastoral diocesana |
12 |
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¿Quién" es la Iglesia? |
16 |
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Dar contenido a los encuentros |
18 |
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Empezar por nosotros mismos |
27 |
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III. Eclesiología de comunión |
21 |
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Comunión es participación |
23 |
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IV. La Iglesia local y el Obispo |
25 |
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Obediencia al carisma del Obispo |
26 |
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V. Cómo nace un plan pastoral |
29 |
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La escucha de la Palabra |
30 |
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Dar vida a una "escuela teológica" |
32 |
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VI. Conclusión |
35 |