Muchas veces, nosotros los cristianos nos preguntamos por qué nuestra fe es tan débil y, sobre todo, por qué no produce los frutos que desearíamos.

En efecto, trabajamos, sufrimos, gastamos todas nuestras energías para hacer lo que, según nuestro parecer, es la voluntad del Señor, pero, si miramos a nuestro alrededor, constatamos que hemos realizado muy poco en comparación con lo que Dios nos había encomendado hacer.

Entonces, surge la pregunta: ¿Lo que estamos haciendo es verdaderamente la voluntad de Dios o nuestra voluntad? ¿Estamos poniendo en práctica nuestros proyectos o los de Dios?

Es importante hacer este examen de conciencia, sobre todo, porque así podemos llegar a comprender que, a menudo, lo que nos falta es, justamente, la verdadera escucha de la palabra de Dios.

En efecto, la fe nace de la escucha del Señor y, por consiguiente, si no escuchamos, es imposible actuar según su voluntad. Si nos falta este aspecto fundamental de nuestra fe, construimos, en nuestra mente, la imagen de un dios que no es sino el reflejo de nosotros mismos.

Por eso, en este “Cuaderno de Pastoral” n.º 12, hemos querido subrayar el tema de la escucha, elemento esencial para vivir plenamente nuestra identidad de cristianos.

“Escuchar significa darse cuenta de que Dios quiere hablar con nosotros, justamente con nosotros. Esto es algo extraordinario. Es un hecho que suscita maravilla y abre nuestra interioridad”, escribe el P. Emilio Grasso en este “Cuaderno”.

Escuchar a Dios quiere decir reconocer, desde lo más íntimo de nuestro corazón, que los verdaderos criterios son los que Él nos propone. Nosotros tenemos que comprenderlos profundamente y descubrir la mejor manera de vivirlos. De esta forma, todas nuestras acciones serán las respuestas concretas a la palabra de Dios, religiosamente escuchada con un corazón limpio. Así, la Palabra se transformará en hechos de vida que cambian la realidad existente.

Para poder escuchar, hay que crear a nuestro alrededor, ante todo, el silencio, que es una condición fundamental. El silencio nos conduce a Dios; es el vientre de la palabra donde esta se forma.

La Virgen María nos muestra cómo, de su silencio interior, pudo realizarse la encarnación del Verbo. María es, para nosotros, el ejemplo de la verdadera escucha.

Por medio de estas páginas, entonces, vamos a reflexionar sobre la relación entre fe y escucha. Además, el autor, tomando un antiguo escrito traído de las obras del pensador e historiador griego Plutarco, nos hace comprender que la escucha es un arte y que, para escuchar, debemos asegurar y mantener ciertas condiciones básicas bien determinadas.

Solo después de haber escuchado, podemos llegar a pronunciar palabras que tengan verdadera eficacia. Solo así nuestra fe puede dar aquel fruto inesperado, que nace de la verdadera voluntad de Dios.

Maria Grazia Furlanetto

 

 

Emilio Grasso, Fe y Escucha. El arte de escuchar, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 12), San Lorenzo (Paraguay) 2005, 39 págs.

 

 

ÍNDICE

 

 

Introducción

3

I. Fe y escucha

5

El anuncio nos conduce a la fe

5

La fe nace de la escucha

8

El silencio

10

María: Hija, Esposa, Madre de la Palabra 15

II. El arte de escuchar

20

En la Iglesia, todos estamos a la escucha

21

Prepararse a la ecucha

23

Los enemigos de la escucha

26

Empezar por nosotros mismos

27

Escuchar para cambiar

29

La primacía del contenido

29

Escuchar con la mente y con el cuerpo

30

Aprovechar la enseñanza y combatir la pereza

31