Nos encontramos en este libro frente a escritos de ocasión pensados y redactados en momentos y circunstancias distintas, dirigidos a diferentes interlocutores.
El tema de la misión constituye el telón de fondo que une entre sí los diversos artículos. Este tema viene enfocado siempre íntimamente relacionado con aquel de la nueva evangelización.
No nos encontramos frente a exposiciones sistemáticas. Por lo tanto los argumentos están esbozados solamente y no tratados de manera exhaustiva. El aparato crítico sirve sólo para remitir a los que estuviesen interesados por un ahondamiento y una investigación más completa. Naturalmente, como acontece siempre, ya en la cita de las fuentes existen una opción y una clara orientación.
En este sentido el libro no es objetivo. No prescinde de mi experiencia y de mi manera de relacionarme con la realidad. Por otro lado me parece que cualquier realidad presentada o relatada, es siempre una realidad interpretada, una realidad que pasa a través del filtro particular del que la relata.
Aunque este libro no es un texto sistemático o una exposición científica de cuestiones misionológicas, él exige por parte del lector un cierto grado de atención y un esfuerzo de comprensión. Por otro lado me parece que, si no se quiere tratar de una manera banal ciertas cuestiones, es necesario utilizar un lenguaje técnico que implica una precisión suya.
Estoy convencido, además, de que, como todas las realidades, también la realidad misionera, para ser profundizada y comunicada, exige el soporte de un determinado lenguaje. A un incompetente le resulta imposible escuchar un radioreportaje de un encuentro de fútbol, si no conoce un mínimo de lenguaje especializado. En caso contrario ¿cómo podría entender términos como: cursor, assist, zona, zona mixta, tackle resbalado, melina, zona Cesarini, etc...?
Este pequeño libro, pues, es también una invitación a tomar conciencia de la necesidad de un ahondamiento terminológico y teológico para comprender el problema de la misión.
Cuando hablamos de misión, en efecto, tenemos el riesgo de presentar sólo cuentos conmovedores para arrancar limosnas, relatando todavía aventuras exóticas de tantos negritos hambrientos, cubiertos de trapos rotos y bien educados que esperan a la mágica dama azul que baja del avión con sus sonrisas, sus fotoreporters y sus caricias.
Existen siempre, más allá de tantas piadosas y buenas intenciones, substratos discriminatorios y racistas que reducen al otro a un “otro” en todos los sentidos.
Un otro que apenas nos roza, como la tangente con referencia al círculo, pero que responde siempre a otros impulsos, a otras solicitaciones, a otros deseos profundos. Este “otro” lo colocamos siempre por debajo o por encima de nosotros. Tenemos acerca de él complejos de superioridad o de inferioridad. Lo juzgamos y condenamos en todo o lo justificamos y absolvemos de todo. Como diría Manzoni, nunca somos capaces de sentarnos a la mesa con él: o lo servimos o nos hacemos servir por él.
En este pequeño libro, que continúa el precedente[1], he intentado únicamente reflejar y narrar lo que vivo. Por este motivo el telón de fondo del libro, su llave hermenéutica, está constituída por el rostro de aquellas personas a las que encuentro en mi camino.
Sin estos rostros, mi reflexión no tendría posibilidad de desarrollarse.
Gramsci, fundador del partido comunista italiano y uno de los máximos intelectuales de nuestro siglo, escribía en una carta a Julia, mujer con la cual tuvo una relación apasionada y sufrida: “Cuántas veces me he preguntado si era posible ligarse a una masa de hombres, cuando nunca se había amado a nadie, si era posible amar a una colectividad si no se había amado profundamente a algunas criaturas humanas singularmente”[2].
El amor a una persona, el dejarse guiar por el rostro concreto en su individual originalidad, única e irrepetible, es la condición que nos permite abrirnos a los demás, a una comunidad de personas siempre más amplia.
“Es el hombre, - escribe Juan Pablo II en la Redemptor hominis - el primer fundamental camino de la Iglesia”[3]. “No se trata del hombre abstracto sino real, del hombre concreto, histórico”[4].
El gran teólogo ortodoxo Paul Evdokimov señala que “amar al hombre en general significa con toda seguridad despreciar y a menudo también odiar a un hombre concreto que se encuentra a nuestro lado. Un tal amor impersonal es el amor a una idea y no el amor a un ser concreto”[5].
Amar la misión y amar la nueva evangelización no es posible si no se aman a rostros de hombres concretos. Son estos rostros concretos que indicarán los caminos que la Iglesia tendrá que recorrer en el umbral del Tercer Milenio.
A. Lévinas escribe que “mirar a un rostro no significa fijarse en el color de los ojos, observar la expresión del rostro... El rostro inspira compasión, está desnudo y sin defensa, sin posición social, sin jerarquía. Y, al mismo tiempo, es como si fuese una pregunta. Es por eso que el rostro molesta mucho: cada uno puede preguntarse sobre qué me va a pedir. La suya es la pregunta por excelencia”[6].
Entrar en relación con algunos rostros que son así como son y no como nosotros nos los imaginábamos o habríamos querido que fueran, significa aceptar ser interrogados.
La misión nace en el momento en que nosotros, aceptando ser interrogados nos convertimos en respuesta a la pregunta que el Señor nos hace por los caminos del mundo: “¿Dónde está Abel, tu hermano?”[7].
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[1] E. Grasso, El Evangelio por los caminos del hombre, Asunción 1994.
[2] G. Fiori, Vita di Antonio Gramsci, Bari 1966, 184.
[3] RH 14.
[4] RH 13.
[5] P. Evdokimov, Dostoïevsky et le problème du mal, Paris 1978, 237.
[6] L. Ghidini, Diálogo con Emanuel Lévinas, Brescia 1987, 61-62.
[7] Gen 4,9.
Emilio Grasso, Al amanecer del Tercer Milenio. Fuentes perennes y vivencia cotidiana de la misión, Universidad Católica (Biblioteca de Estudios Paraguayos 53), Asunción 1996, 135 págs. |
ÍNDICE
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Prólogo |
7 |
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Presentación |
9 |
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Abreviaturas |
12 |
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La misión reconsiderada a partir del Norte de Europa |
13 |
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Espíritu - Carisma - Misión |
37 |
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Testigos del Absoluto interioridad - comunidad - misión |
49 |
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Israel y la humanidad en el pensamiento de Elia Benamozegh |
59 |
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No todo viaje es misión |
69 |
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El sueño del profeta negro |
79 |
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“Mi vida es como si fuera el viento” |
85 |
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Navidad: nacimiento - maravilla - misión |
89 |
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Restore Hope… Pero ¿qué esperanza? |
99 |
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La danza de los binanga |
107 |
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Les gueux de Mbalmayo |
113 |
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Querida Mariangela |
125 |